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Iba adelante en la fila. Un niño de unos 10 años. Me sumé a las preguntas de que si andaba solo y respondía con un sí bien sostenido.

Decía que vivía con su abuela y que ella no pudo ir a hacer compras porque estaba enferma.

Un chorrito de leche interrumpió sus palabras. Le dijo a la señora que iba más adelante que si le cuidaba el lugar porque iba a cambiar una bolsa de leche que le había salido rota. Como no le respondieron, me ofrecí y salió a toda prisa.

Al regresar ya estaba un empleado del supermercado limpiando el chorrito de leche y le comenzó a revisar sus compras. La bolsa rota no era la que había ido a cambiar.

El niño agradeció que el empleado le fue a cambiar la bolsa de leche y siguió avanzando hasta llegar al cajero. Preguntó si la suma estaba correcta, pagó y se fue.

Lo quedé viendo en su retirada mientras en silencio le expresaba mi admiración y lo dichosa que debe sentirse la abuelita por tener ese nieto.