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Desde tiempos ancestrales los campesinos han buscado auyentar de sus cosechas a los bribones alados.

Los gritos, gestos y hasta disparos no es asunto de 24 horas para los insistentes pájaros, así que nada mejor que recurrir a un muñeco que aparente ser una persona.

Una camisa en desuso y un pantalón viejo rellenados con paja o tiras han hecho su labor sin descanso, sin salario y sin prestaciones bajo el nombre de espantapájaros.

Y precisamente a ese vigilante de las cosechas es que los colegios de Matagalpa le rinden homenaje todos los años en la Feria del Maíz.

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