No le encuentro ninguna lógica al hecho de que mientras por un lado se llama a la reconciliación, la paz y el entendimiento y se mencione a Dios para lograr esos objetivos, por el otro se dirija una campaña de odio utilizando todos los medios que por el poder se tienen al alcance.

Hoy fui testigo de la forma en que se utilizaron a varias madres de caídos en la guerra para que fueran a medios de comunicación que, según el gobierno de Daniel Ortega, son de “oligarcas”, “traidores a la Patria” y “asalariados de la Embajada de Estados Unidos”, mientras en la ciudad de León se le prohibió a disidentes sandinistas que hicieran su actividad, llegando primero los pro gubernamentales al punto y la Policía bien gracias, al igual que el 19 de julio pasado cuando le dijeron a los del Movimiento de Renovación Sandinista que todas las plazas de la localidad estaban ocupadas.

Y entonces a la par de esos mensajes de reconciliación, llegan los mensajes cargados de odio y en la palestra hoy está un presentador de televisión, con el cual no comulgo por su cuestionada trayectoria, y éste hoy por hoy se siente el héroe de la película ante la orfandad que vive la oposición a un gobierno nepótico, corrupto y cargado de demagogia.

Creo que a alguien se le pelaron los cables con esta locura que estamos viviendo en Nicaragua y ojalá que la esquizofrenia no se haga colectiva.