Tomado de Milenio

Este producto representa el último grito de la moda en materia de entretenimiento electrónico. Tiene, por cierto, una característica que lo hace único frente a todo lo que usted había visto: el desafío comienza con el final, con el último nivel, con lo que uno de los personajes de la trama, el secretario de Defensa, llama “un rescate de película”.

En este nivel un grupo de soldados colombianos, infiltrado en las ingenuas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, con 40 años de lucha), no sólo convence a los rebeldes de trasladar a 15 rehenes, entre ellos la joya de la corona y principal personaje del videojuego, Ingrid Betancourt, a un helicóptero, sino que antes los mismos inocentes guerrilleros permiten a unos seudoperiodistas, militares disfrazados, grabar el traslado, que incluye a tres prisioneros estadunidenses.

Ingrid, según se lee en las instrucciones del juego, lleva más de seis años bajo las garras de los alzados, y otros de sus compañeros que deben ser rescatados van para 10 años en la misma condición. El ejército colombiano tiene entonces la misión de liberar a los rehenes pero, ojo, sin disparar un solo tiro. Este último nivel, sin embargo, es el más fácil de superar. Lo difícil viene después, porque al competidor le asaltan las dudas. Al menos al fusilero, sobre quien pesan siglos de reflexión cartesiana, le surgen múltiples interrogantes:

1. Una vez rescatada, Ingrid no es trasladada a un hospital, después de los testimonios de diversos males que contrajo durante su cautiverio (relatados por ella en una carta a su madre, apenas hace unos meses), sino que sonriente, con intachable atuendo camuflado, sombrero incluido, baja de un avión que la trasladó a Bogotá, hace una declaración medianamente extensa, escucha con rectitud, de pie, los discursos de los demás involucrados, concede enseguida entrevistas a importantes cadenas televisivas y radiofónicas, se da tiempo de practicar su francés y sólo después se retira a sus aposentos, porque tiene boleto de ida a París, donde una multitud, en el siguiente nivel, la aclamará, desde la alcaldía hasta el Palacio del Elíseo. Y será en esa ciudad, por cierto, donde recordarán trasladar a la pacientita al servicio médico ¡tres días después de su liberación!

2. Siempre después del plagio, el comandante en jefe del ejército colombiano va más allá del secretario de Defensa y asegura que la operación, quirúrgica, perfecta, es sólo de los colombianos, que nadie más metió mano. El mismo día que, por cierto, surgen versiones desde Europa de que el gobierno de Álvaro Uribe (él ya, por supuesto, en las nubes del popularómetro pese a la investigación en curso por graves irregularidades detectadas en su campaña de reelección y las ligas de sus familiares con paramilitares) negoció con las FARC la entrega de los rehenes a cambio de 20 millones de dólares. Ingrid, recién desempacada de Bogotá, expresa al mandatario francés y bella esposa que lo acompaña su agradecimiento por el rescate: “Les debo todo, les debo mi vida (…) El gobierno francés evitó una intervención violenta y me salvó la vida”. Duda enorme en el fin de este nivel: miente el general colombiano que se atribuye la operación o miente Betancourt.

3. En el siguiente nivel se difunde un video para desacreditar las sospechas del soborno, que por lo demás le caería de perlas a las FARC después de las sensibles bajas de tres de sus máximos jefes en fechas recientes. Es decir, es un video dentro de un videojuego, algo así como en la novela El garabato de Vicente Leñero. El documento audiovisual, sin embargo, balconea el asunto de los seudoperiodistas, que no se había ventilado la víspera, y en realidad deja más dudas y alimenta lo que el clásico llamó el sospechosismo. Y entonces ya no sólo la prensa suiza y alemana son obstáculos para el jugador de este, recordemos, videogame, sino que varios periódicos sudamericanos comienzan a señalar las contradicciones y, lo peor, a mofarse de la historia “de película” que nos vendieron los colombianos. Y se agrega una hipótesis: EU participó en el rescate. Los gringos no podían faltar en el arroz.

Ya complicada así la trama, el jugador debe tomar decisiones. Tiene que resolver a quién le cree: a Ingrid, al ejército colombiano o a los medios europeos sospechosistas, personajes centrales todos del desafío que dijeron cosas diferentes sobre un mismo hecho en un periodo de dos días. También es imperativo saber si las FARC son tan ingenuas como ese otro videogame en el que aparece una de sus visitantes, estudiante mexicana “con inquietudes sociales” (su papá dixit) herida durante un bombardeo ordenado por el mismo Uribe. Lucía Morett aparece en la cama del hospital ecuatoriano que la atendió de sus heridas abrazando un osito de peluche para despistar al escéptico y obsesivo retador. ¿Será por eso que en este nivel Ingrid llama a los rebeldes “estúpidos” y les pide ser buenos perdedores?

Colombia, Francia, Estados Unidos, Venezuela… Las FARC, Uribe, Sarko y bella damita que lo acompaña… Ingrid, Chávez y el videojugador… “Qué dios detrás de Dios la trama empieza/de polvo y tiempo y sueño y agonía”, escribió el gran Borges en su poema “Ajedrez”.