Cuando al presidente Daniel Ortega se le criticó por la enorme comitiva familiar que lo acompañaba en viajes oficiales, incluyendo yernos, nueras, nietas y hasta las niñeras, respondió que no se explicaba cuál era el escándalo si en esos viajes no se gastaba dinero del presupuesto y que los aviones eran obsequios de sus amigos, entre ellos Kadhafi y Hugo Chávez.
Para rematar, la esposa del presidente, Rosario Murillo, expresó que su prole y anexos los acompañaban en los viajes porque, ““de hecho se sabe que los hijos nuestros están trabajando en comunicación, en las radios y, además, en trabajos ejecutivos y operativos de apoyo a la Presidencia”. Vaya usted a saber en qué cabeza cabe que esa es una respuesta decente ante los cuestionamientos.
¿Pero realmente esos viajes no tienen su retribución? Si analizamos lo que ha ocurrido en nuestro país desde que asumió Ortega, lo que hemos visto es que de la noche a la mañana surgieron los llamados Comités de Poder Ciudadano (CPC), una copia en Nicaragua de lo que en Libia se conoce como Yamahiriya o “poder para el pueblo”, aunque acá no nos tomen en cuenta más que para escuchar ese estribillo en los campos pagados del oficialismo.
Y si vemos cada intervención de Ortega cuando sabe que Hugo Chávez lo está mirando, éste despotrica contra el gobierno de los Estados Unidos, pero después manda apurado a Washington al canciller Samuel Santos a calmar las aguas y decirle a su odiado imperio que eso forma parte de la retórica. Entonces ¿son gratis los aviones?
Y ahora se evidencia cómo se está gastando la ayuda venezolana. Un presidente que aparece en las cámaras diciendo que maneja grandes recursos como que fueran de su bolsillo y que son deudas que cargaremos en hombros todos los nicaragüenses, debería tener ya un proceso abierto, antes de que el mal tenga más alcances y que el papel de tontos lo hagan un líder libio y un presidente venezolano por andar creyendo en falsos revolucionarios.