Primera plana en todos los periódicos. Colombia, Ecuador y Venezuela están al borde de la guerra y para ello se hacen cálculos de cuántos soldados tiene un país, el otro y el otro. Entonces si Colombia tiene más fuerza terrestre que Venezuela, eso se compensa con la mayoría de aviones del otro, mientras Ecuador queda pequeño ante los otros dos posibles contendientes de un conflicto militar en América del Sur.


Pero, ¿se han sacado cálculos de lo que significaría una guerra entre esos tres países, sus consecuencias y la forma en que se afectaría al resto de naciones y del mundo?, porque inmediatamente se dispararía el precio del petróleo a niveles nunca antes vistos ni calculados, tomando en cuenta que Venezuela es uno de los principales países productores del oro negro.


¿Y si una simple chispa del conflicto toca los pozos petroleros venezolanos de los cuales depende Nicaragua? La respuesta a esa pregunta la tendríamos en la paralización total del país, porque a estas tierras no llegaría ni una pizca de petróleo y se irían por la borda el proyecto de la refinería, Petronic sería un simple membrete y el caos terminaría botando a un gobierno que quedaría sin oxígeno.


Hay que hacer notar que en este conflicto están países unidos por los colores de una misma bandera: amarillo, azul y rojo y los tres fueron liberados por Simón Bolívar quien soñaba una gran confederación que uniera a todas las antiguas colonias españolas y quien en 1819 elaboró una nueva Constitución para la República de Colombia que abarcaba a lo que hoy son Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá.


Por eso se debería llamar al diálogo, en vez de azuzar la guerra desde estos lares, donde parece olvidarse que una vez se incursionó en territorio hondureño, en la llamada Operación Danto 88 buscando campamentos de la contra, tal como lo hizo Colombia al buscar bases de rebeldes armados en Ecuador, a quien se le debe una disculpa por la violación de su soberanía.