A ver. Estuve de turno el fin de semana recién pasado y estoy autorizado para llegar un poco tarde al trabajo HOY LUNES.

Me acuesto con el sol entrando por un tragaluz que tiene la casa, ya los niños se los pasó llevando el bus escolar y mi esposa se fue a su trabajo. Estoy hablando de las 8 de la mañana y miro a cada rato el reloj y quisiera detenerlo con la mirada.

Al final, no puedo y pienso que odio todos los lunes porque es un día que marca el inicio de otra semana de ese trabajo tan necesario para garantizar el sustento familiar y reflexiono que lo peor sería no tener un empleo, como me ocurrió allá por el año 1993, cuando tuve que vivir de la solidaridad de mis hermanos y mi madre para poder subsistir al lado de mi primer hijo.

Es lunes, recapacito y aunque sea un día que odio pues no me queda más que hacerlo que se apague haciendo que el tiempo pase ejerciendo mi labor con gusto, para que cuando llegue la noche poder ver otra vez a mis hijos adorados.