Cuando escucho hablar a Arnoldo Alemán, quien de forma cínica dice ser inocente de todos los cargos que hay en su contra por el saqueo de los bienes del Estado de Nicaragua, realmente que me dan ganas de vomitar, pero me duele más que hay gente que todavía crea que ese engendro es víctima de una persecución política y ahí está junto con otro montón de ladrones pregonando por una amnistía.

Será que cree que los nicaragüenses perdimos la memoria y ya se nos olvidaron tantos casos de corrupción desde que fue alcalde de Managua y desde la Presidencia de la República, comenzando por el escándalo del narcojet, un avión que había sido robado en Estados Unidos y que apareció en Nicaragua piloteado por un cubano-estadounidense, quien decía que era el avión presidencial con su hangar en Los Brasiles, donde se detectó que traficaba cocaína de la forma abierta porque era de Alemán.

Después siguió el caso de la hacienda La Chinampa, donde todos los ministerios rindieron pleitesía al corrupto que estaba de presidente, el helipuerto construido con recursos del Estado en su finca El Chile, el desvío de millones de dólares hacia cuentas abiertas en bancos panameños y sigue sonriendo como si nada hubiera hecho, mientras su mujer, la María Fernanda aparece como otra ‘santa paloma’ después que se detectó que varias cuentas bancarias en el país canalero estaban a su nombre y otras con el nombre de su padre y suegro del corrupto de su marido.