Pasé un año trabajando duro para merecerme un aguinaldo, o sea, un mes de salario.
Muchos planes hubo en todo este tiempo sobre el destino que tendría ese dinero: que mis hijos tendrían una mejor navidad, que podría mandarle un regalito a mis familiares que están en Matagalpa, mi ciudad natal, en fin. A final de cuentas, comencé a pagar deudas y cuando reviso lo que me queda de saldo son pinches monedas y no queda más que esperar los pagos quincenales para apartar lo que corresponde a mis seres más cercanos, a quienes adoro.