La amenaza era real. El bendito Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) lo había dicho: viene una tormenta de arena desde el Sáhara y hay que tomar las medidas del caso. Se sumaron otros sectores y la alarma se generalizó porque con la arena del desierto venían enfermedades y otros males y lo mejor era NO SALIR.

Debido a eso, hoy sábado no fui a jugar softbol, mi esposa le tiene prohibido salir a mis hijos y a última hora el Ineter dice que la nube de polvo se va alejando de Nicaragua y todo hace indicar que ni un grano de arena se verá del lejano desierto africano en mi país.

EXPLICACIÓN TOMADA DE INTERNET
Las tormentas de arena en el Sáhara provocan que se eleven a la atmósfera grandes cantidades de polvo y arena que, suspendidos, logran viajar grandes distancias mucho más allá del desierto, logrando alcanzar Europa o América. Lo malo de estas intrusiones de aire africano no está en la arena suspendida en sí, el problema se localiza en que suelen contener una gran cantidad de partículas de origen biológico -esporas, bacterias, virus, pólenes- que, cuando logran concentrarse y alcanzar áreas pobladas, pueden provocar la aparición de alergias y crisis asmáticas en muchas personas, sobre todo aquellas que ya sufrían problemas respiratorios o de inmunodepresión. Muchas veces se refieren casos de “gripes” persistentes o alergias sin causa aparente que pueden haber sido provocadas por el contacto con partículas de origen biológico presentes en estas calimas.